“El
economista debe poseer una rara combinación de dotes. Debe ser, de
algún modo, matemático, historiador, estadista y filósofo. Debe
dominar el lenguaje científico y expresarse y hacerse entender en el
vulgar. Ha de ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan
fuera de la realidad como un artista y a veces tan apegado a la
tierra como el político”.
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